En una familia de diez hermanos y rodeada de naturaleza, fue el ambiente en el que Nidian Hoyos tuvo la oportunidad de formarse. Recuerda que su primaria la realizó en la escuela de la vereda Galilea, luego se trasladó hasta la zona urbana para cursar la secundaria.
Por: Maria Londoño.
El deseo de servicio desde muy temprana edad ha estado presente en ella. Después de su graduación del bachillerato, volvió a su vereda y menciona que empezó a dar catequesis, en un inicio como un hobby. Realizando esta labor, sintió la inquietud de consagrar su vida al Señor, “sentí el llamado a la vida religiosa”.
Su primer acercamiento a la vida consagrada fue con las Misioneras Siervas del Divino Espíritu, en La Ceja, “allí reafirmé el llamado que Dios me hacía, hice mi proceso de formación, de postulación, de noviciado. Por voluntad de Dios y por diferentes circunstancias no pude hacer mi profesión religiosa”.

Nidian, decidió que continuaría cerca, de lo que considera, le da sentido a su vida. Sin el hábito, pero con la vocación de servicio intacta, continuó en la comunidad como misionera, ocho años dedicada a acompañar a los que más lo necesitan. Al volver a casa, menciona que sintió “que la misión que Dios me estaba dando era ayudar a mi familia”, en particular a su hermana que por condiciones de salud es discapacitada.
En el caminar por la vida religiosa, desarrolló la habilidad para elaborar camándulas, denarios y, para ella es una forma de evangelizar, y no es el único espacio que destina para ello; también lo hace dictando catequesis, apoyando las diferentes actividades que realizan en la Casa del Niño y la Niña, por medio del programa radial De Camino con Jesús y demás actividades en las que participa.
Granada desborda emociones, inspira a cada uno de los que tuvimos la oportunidad de nacer en este lugar, “yo como granadina amo a mi pueblo, el granadino es muy amable, muy acogedor”.