Los 100 años de la señorita Margarita Tamayo Destacado

11 Jul 2017
Los 100 años de la señorita Margarita Tamayo
 
Su nombre es Margarita Inés Tamayo Herrera,  siempre ha vivido en la misma casa; manifiesta que no se ha conocido en otra, esta casa está rodeada de mucho jardín, es clásica, con las puertas de color verde, la cual está ubicada detrás del templo parroquial del municipio de Granada. Actualmente está en un hogar geriátrico en la ciudad de Medellín.    
 
Su vida la ha dedicado a la educación, muchas generaciones de granadinos aprendieron las primeras letras y números con ella. Leer, sumar multiplicar y dividir, operaciones básicas fueron trasmitidas con ternura, amor y disciplina,  por Margarita Tamayo en sus 25 años de servicio en la docencia.
Nació el 10 de julio de 1917, hace 100 años, le ha tocado  vivir grandes acontecimientos para Granada, como la muerte del padre Clemente Giraldo, la construcción del templo parroquial y de muchas obras que actualmente conocemos.
En una entrevista que le realizamos, le preguntamos sobre su infancia, de inmediato a Margarita se le notaba en su rostro las ganas de volver a nacer para repetirla, decía que era maravilloso, para ir a la escuela le tocaba andar mucho y por esto le pedía a su papá que comprara una ´Bestia`, haciendo referencia a un caballo, más sin embargo su papá nunca la compró, porque no lo sabía manejar, y le daba miedo que de pronto se cayera.
Desde su infancia siempre quiso ser maestra, cuenta que cuando se ponía a jugar con las muñecas, les hacía uniforme con papel periódico, las ponía en fila como en especie de salón, y a la más grande la ponía de maestra. Después de habernos contado todo esto, soltó la risa y agregó en un comentario “¡uno chiquito si es bobo!”. Además advierte que tenía una hermana que era costurera y que le regalaba trapitos para hacerle otros vestiditos. “Yo pasé una niñez muy buena: jugábamos al columpió, a la gallina ciega, a la tiene y muchas cosas más”.
Margarita sabe que muchas cosas de las que se hacían en su infancia, ya no se hacen; por eso cuando cuenta cosas que tal vez se hace difícil de entender, trata de recrearlas. Nos contó que su mamá murió cuando ella tenía 2 años, y que debido a esto a una señora le toco que hacerse cargo de ella y de todos sus hermanos.
Le tocó que cargar piedras desde la vereda La María para la construcción del templo parroquial con el padre Polito, Margarita queda admirada con la capacidad que tiene para recordar estas cosas y dice “Vea que tan vieja soy y todavía me acuerdo”.
“Trabaje 25 años como profesora y después me jubilé, me fue muy bien en el magisterio. Comencé el trabajo en la escuela rural San José, que hoy es La Quiebra. Tuve muchos alumnos, pero pocos se acuerdan de mi” dice con un poco de nostalgia. Dice que su vida, ha sido felicidad “La vida mía no digo que fue bonita, pero para mí fue bonita”.
Los regalos que más recuerda de todas las fiestas de cumpleaños que le han hecho, son los huevos y las albóndigas; dice que la mejor fiesta de cumpleaños que le han hecho, es invitarla a la sagrada eucaristía. Aunque recuerda con mucho cariño su infancia, no deja de disfrutar su vejez, y se ríe de las cosas curiosas que hacia cuando niña.
 

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