La memoria de los días. Vida en el parque Destacado

14 Jul 2017
La memoria de los días. Vida en el parque

 

 Por: David Restrepo, Promotor de lectura Biblioteca Pública Jesús María Yepes.

"Este parque se llenó de vida.

Cada niño vino con sueños en la mano…" Jaime  Montoya.

Los últimos rayos del sol acarician la fachada posterior de los simétricos conjuntos residenciales que observo desde el último escalón del teatro al aíre libre, centro y corazón del parque de la vida. Las edificaciones de sobrio aspecto, son símbolo de la reconstrucción física del municipio, del tesón y cooperativismo de sus habitantes, tras suceder ese nefasto episodio que borró en un atronador instante parte de la memoria arquitectónica, social y cultural de los granadinos.

Las cinco palmas que lo preceden inclinan sus  hojas sintiendo la llegada de la noche, y todo el jardín que sonríe en el día cierra sus párpados invisibles para acariciar el sueño de las plantas. Desde lo alto de la torre de la iglesia viajan en el aíre frío del final de la tarde el sonido vibrante de las campanas de las seis en punto, aunque muchos relojes apenas lleguen a ese par y otros tengan unos minutos de  más, el sonido en el aíre marca la hora abriéndole las puertas a la noche.

Los grandes faroles que con su luz acompañan a las noches en el parque, a los furtivos enamorados y a los casuales visitantes, comienzan a iluminarse tímidamente, y entorno a ellos, en una rápida  carrera, un grupo de chicos corren alegres a lo largo y ancho del parque, unos van contando las piedras de colores, donde están escritos los nombres de los grandes suspiros que habitan en el interior de los corazones, luego se deslizan sobre la placa de mármol, donde vagamente se lee, debido al roce del tiempo, la frase que le dio nombre al parque e inspiración a este escrito; otros más intrépidos, pasan al vuelo a sus amigos con dirección a los juegos, por el amplio pasillo de la antigua casa de tapia que en el pasado engalanó ese lugar, y los demás, cruzan sobre al escenario y son protagonistas de su propia vida frente a los escalones del teatro que ha albergado a múltiples espectadores, invitados a disfrutar  proyecciones de cine, recitales de poesía, conciertos y cada fin de mes reciben las luces de la esperanza, llevadas  en amorosas manos, guiadas por un espíritu persistente que  resiste contra el olvido.

El atronador instante desapareció muchas cosas y todo cambio a partir de ese lejano momento, presente en la memoria, pero a cambio renacieron muchas cosas más, hechas por ese espíritu de supervivencia y resistencia inherente al ser humano, fuente inagotable de todas sus esperanzas. Desde la adversidad se eligió la vida por encima de cualquier pérdida, la fuerza de la unión apartó  las oscuras nubes que ocultaban el horizonte  y se creó un escenario más como homenaje para celebrar la vida…el parque de la vida, ese pequeño parquecito construido ladrillo a ladrillo con mucho amor por la vida para darle cabida a todos los corazones.

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