La culpa no es de la vaca

22 Abr 2017
La culpa no es de la vaca

Reminiscencia del parque principal del municipio de granada Antioquia y de su feria de ganado.

Por Jaime de J. Montoya García.

¡MUUU! muuuu´…muuu´… mugen felices las vaquitas en la plaza principal del municipio de Granada. Y nosotros también tan felices como ellas estamos, respirando ese vaho natural y campestre de ordeño y algarabía, en este pequeño caserío enclavado en la pura montaña.

Las vaquitas han salido de paseo, y tras de sí los alegres campesinos, con la soga, la zurriaga y el caballo, esperan hacer alguna pequeña transacción económica, traen la novillona que viene a punto de parto después de algunos meses bajo cuidado en el pequeño minifundio, o a comprar la vaquita que ordeñará religiosamente a mañana y tarde, para saborear la espumosa leche, hacer el queso, y acumular la nata que luego será batida y convertida en mantequilla.

La plaza se habrá convertido en campo, y el mugido de las vacas, el bramar de los toros, y el murmullo de la gente alrededor de la feria, nos hará sentir, ese íntimo alborozo que reúne, matorrales, caminos, y vida natural. ¡Qué íntima y auténtica satisfacción se posesiona de nosotros, que algún día vivimos allí, por las breñas y los helechos!

El campo se hace ver en esta plaza, y desparrama nuestros ancestros, muuuuuuuuuu…. se escucha por todos los íntimos rincones de la plaza; el tinto hirviente preside la conversación de campesinos en bares y cafeterías, ruanas, ponchos, zurriagos, carrieles, machetes y sogas se exhiben públicamente blandiendo el enjambre humano que somos, para el pasado, el presente y el futuro, que guarda estas estampas en la memoria, para nunca más olvidarlas, saborearlas y acaso tomar las últimas fotografías, para una feria que se niega a desaparecer.

De la leche y sus derivados que han dado origen a esta plaza nos hemos alimentado por algo más de 200 años, y han desfilado por ella ejemplares bovinos de escasa existencia por el día de hoy.

La vaca criollita, toda blanquita y peludita, orejinegra y mansa, era un primor de animal para el campesino pobre, pues era de poco precio, y poco exigente en cuidos y cuidados, con el “pastico” y alguna que otra aguamiel con salvado de trigo, daba sus dos o tres “puchitas” de leche, suficiente para hacer el quesito, pintar de blanco la mazamorra, y hacer la mantequilla, para ser extendida sobre una deliciosa y grande tela de maíz.

De mi padre que era muy justo, y Justo se llamaba recuerdo que en toda su vida habría de tener en su finca dos o tres vaquitas; y eso por allá en los años 1970, cuando una vaca lechera holstein valía la escandalosa suma de dos mil quinientos pesos, y una humilde y hermosa vaquita criolla blanca orejinegra solo valía mil doscientos pesos.

A pesar de poseer nosotros una finca muy cerca de la zona urbana, nunca más mi papá volvió a comprar una vaca. Pero, en los años que mi papá vivió en este pueblo, bajaba religiosamente todos los lunes, con machete, carriel ruana, soga y zurriaga, no a comprar algún semoviente, no, tal vez a enlazar esquivos sueños, a espantar algunas penas que no faltan, o simplemente a compartir algunos tintos en el desaparecido Salón Granada o en el kiosco, mejor dicho, a encontrarse con sus amigos.

Más de Cien años estuvo engalanada nuestra plaza principal, con este bello espectáculo rural, por idea de nuestro ilustre levita, padre Clemente Giraldo, siendo sitio de recreo para propios y extraños. Yo realmente extraño mucho este espacio, y eso también sucederá en la mente de muchos granadinos y granadinas, estar en la plaza era realmente como estar en una gran finca. Qué infinidad de sonidos y sensaciones.

Nuestros viejos, fuese que andaran de lunes en lunes, haciendo algún pequeño negocio familiar, con una vaquita, una novillona, un “ataíto”, un ternerito o algún toro, bajaban religiosamente a este espacio del comercio ganadero local, con alguna pequeña ilusión financiera en la cabeza.

Cuando a diario me ven pasar por la variante con dos o tres litros de leche bajo el brazo, estoy haciendo pública mi posición de defensa de la feria de ganado aquí, en medio de las calles, en la plaza. ¡Quién si no yo, hablará en defensa de las vaquitas que también quieren salir de visita y de paseo por la plaza? La próxima Constituyente, deberá consagrar expresamente los derechos de las vaquitas, a pasearse muy titinamente por nuestras calles y plazas. Y Si algunos de los ciudadanos o ciudadanas se incomodan del mugido de las vacas, y el poquito de boñiga que nos dejan para abonar nuestras matas de jardín. La culpa es nuestra por no respetar sus derechos. LA CULPA NO ES DE LA VACA….

Dicen por ahí, se dice, se comenta, que cursan en el congreso un conjunto de normas encaminadas a evitar el maltrato animal, y parece que se van a prohibir las corridas de toros, las corralejas, las peleas de gallos, y ojalá se prohíban también las peleas de perros y gatos – ya que esto ha generado como ejemplo que los seres humanos también nos mantengamos “agarrados” “como perros y gatos…”

Reciente legislación que defiende los derechos de las vacas ha determinado que maniar con un lazo a una vaca mientras se hace el ordeño, es considerado maltrato animal.

Mala cosa digo yo, porque si una vaquita incómoda y enojada con el ordeñador, al sentirse abusada le propina unas cuantas patadas, y tira al piso al ordeñador, LA CULPA SÍ ES DE LA VACA.

EPÍLOGO, Y FINAL.

Tenemos hoy una moderna y espaciosa plaza. El buen cristiano que fue el padre Clemente Giraldo desde su pedestal cuida embelesado el hermoso templo patrimonial, desde donde hizo llamados a la humildad candorosa del amor y la vida compartida en comunidad.

En el siglo de Clemente, muy de mañana y arropadas por una absoluta oscuridad, llegaban las vaquitas, y los paisanos detrás.

Arrieros de mulera, machete, carriel y ruana, caminaron y asentaron sus cargas en la liza superficie de esta plaza empedrada. Noches de luna dibujaron de plata las paredes, los techos, los patios, las ventanas y los jardines.

Sonaron tiples y guitarras, desde la falda del sacatín, hasta la calle rial por donde topeteaban cañada abajo las muladas, hacia largos caminos de arriería.

Esta bella población que fue disminuida por la guerra, nunca se doblegó; casi vacío estuvo, pero nunca dejó de realizarse la feria de ganado en esta plaza. Nunca faltaron 2 o 3 vaquitas presentes en la plaza como símbolo de resistencia, o tal vez como símbolo de amor; porque pienso que también estos hermosos animales tienen sentimientos, y quisieron entregárnoslo a nosotros, compañeros de viaje en el hondo y extendido viaje de la historia.

Asistimos al último día de feria en esta plaza. Este espacio ahora se traslada – y estoy de acuerdo pese a mi carga excesiva de nostalgias - al sector de la bomba, más exactamente enseguida de la cancha de futbol, (sitio que algún día se compró precisamente para la feria de ganado), y antes de la nueva urbanización y el edificio donde funcionó El Hogar Juvenil Campesino de varones.

Siento una mezcla de sonidos: mulas, arrieros, vacas, y caliente manzanilla. Y si acaso me rueda otra lágrima de nostalgia, la culpa es mía, LA CULPA NO ES DE LA VACA.

Granada Antioquia, marzo 27 de 2017.

DesdeGranada.com. Encuentre aquí todo lo que desea saber sobre Granada, escríbanos con sus comentarios y preguntas aquí y en nuestras redes sociales.

Últimas Revistas

La Viga 94

La Viga 94

Edición 167

Edición 167

Edición 166

Edición 166