Octavio Quintero Gómez, una tímida semblanza

27 Oct 2016
Octavio Quintero Gómez, una tímida semblanza

 Por José Carlos Tamayo

Nota. Me han asignado el gran honor de realizar la semblanza de una persona que ha marcado un hito en la historia de las relaciones entre los granadinos y los Orientales en la Sultana del Valle, dado que, como compañeros de estudio, tiempo ha, no nos hemos desligado y conocemos aspectos inéditos de la personalidad de cada uno de nosotros.

Con mucho gusto, doy a conocer ante la concurrencia, el perfil de un ser que ha ascendido en la escala social luchando muchas veces con sus más cercanos enemigos: sus propios miedos.

Octavio Quintero Gómez,  uno de los  catorce  hijos de Emilio y María Olivia,  nació  en la vereda El Tambo de Granada; en el campo  vivió hasta los 14 años, porque también tenían  una finquita en Calderas. Era lo que  se estilaba: una en tierra caliente y  otra en tierra fría con cultivos cíclicos.

Su infancia y primeros estudios

Diariamente salía desde la vereda en una dura rutina: salir al pueblo a  estudiar, ir a almorzar a la finca, volver a estudiar y retornar a su casa del campo casi al anochecer.

Luego,  “Chulo Gómez”,  su abuelo,  lo  acogió y sólo iba  en la mañana y retornaba   al campo  en la tarde.  Y Anota: ”No había nada de jardín infantil,  kínder, preparatoria ni  párvulos. En ese entonces,  sólo a los 8 años cumplidos nos recibían en la escuela. Mientras los   cumplíamos, todos trabajábamos en la finca en oficios menores: recoger boñiga, coger café bajito, cargar leña.”

Posteriormente, su papá, Emilio, se colocó en “El Sostenimiento” o Secretaría de Obras Públicas Departamentales y se salieron a vivir en Granada.  

Entró a la escuela Jesús María Yepes de su pueblo, y la señorita Rosalba Tamayo Jiménez lo recibió (nos recibió) con toda su ternura. “La queremos mucho, quiero hacerle un reconocimiento y enviarle un mensaje de admiración.”

“Blancaura, mi tía maestra, también fue excelente en impartir formación -dice reivindicándola-. La recuerdo con  su rigidez, pero fue la que me orientó con todas las dificultades que yo tenía; recuerdo a  Noé Parra, Alonso Giraldo, Francisco “Chocolito” Aristizábal. En secundaria, recuerdo, entre otros, a   Rodrigo Zuluaga, Rosalba Ossa, Olinda Zora, “Simoncito”, Argemiro Pareja. ¡Toda una pléyade de maestros!”

¡Me  voy para Cali!

Octavio  se iba de Granada para Cali en las vacaciones escolares, y luego regresaba a  tirar pinta con los  “sobraos” de ropa de los hermanos más gorditos y bajitos, por lo que la mamá  tenía  que hacerle   muchos  ajustes a los pantalones, hasta que le quedaran “presentables”, aunque con los bolsillos traseros unidos  uno con otro.  Allá, en Cali  cayó en cuenta de que muchos paisanos sólo llegaban a trabajar pero no seguían estudiando. Él tenía muy claro que iba a estudiar a como diera lugar.

Inmediatamente graduado en 1974, esa misma noche de noviembre  arrancó para Cali a radicarse definitivamente.  Allá, José David Berrio, un condiscípulo en Granada,  lo llevó de la mano a la universidad y se matriculó en  Contaduría Pública.

¡Acosado!

Los caleños son  personas muy alegres, extrovertidas y  “muy tomapelo” o bromistas y lo invitaban a “rumbiar”  para que “botara el capote” o despertara, porque lo veían muy dormido. Mejor dicho, le aplicaron el Bullying  o acoso, como se hace aún hoy  a los primíparos universitarios.

Un compañero  tanto lo cansó y le llenó  la paciencia que, aún sobre su timidez, sacó fuerzas y se batió  como un león herido. Es que no hay enemigo pequeño; desde ese momento,  entendieron que la timidez no es bobada y todos lo respetaron.

Los Comerciantes:

Mario Arango Escobar y  John Arbeláez, autores de “La Economía Popular”: dicen de  los orientales:

 …Granadinos,  santuarianos, y marinillos han demostrado su habilidad para conquistar nuevas plazas, crear novedosas redes mercantiles basadas en nexos familiares, de amistad o de simple paisanaje y montar activos centros comerciales, eminentemente populares, con los precios más bajos de mercado.”

 Acorde con lo dicho por estos connotados autores, en Cali, hay tres grupos de orientales, con tendencias comerciales muy marcadas y diferenciadoras, pero con un hilo conductor: el paisanaje.

 El granadino antes llegaba  a montar graneros, que con la llegada de sus parientes se convertían pronto en grandes supermercados; actualmente  tienen vigencia también en mercancía tipo sanandresito.

El santuariano, es “un duro” en venta de ropa, variedades, cacharro, almacenes. En Cali, poca presencia en sector alimentos aunque sí en La Costa y Antioquia.

El marinillo es fuerte en  panaderías: “Un  90% de ellas en el  Valle del Cauca es de marinillos o descendientes.-Afirma Octavio.

OCTAVIO  EN EL COMERCIO

Empezó entonces,  el casi adolescente Octavio,  a trabajar  en el negocio de su hermano Abad en la galería del barrio La Floresta en Cali, como cargador y despachador de abarrotes, vendedor de mostrador, vendedor de calle;  pero  estudiando juicioso en las noches. Pero el ambiente al que entraba estaba muy caldeado; pues se presentaba el riesgo de una crisis social de vastas proporciones.

El duro parto de un  grupo  gremial de paisas liderado por  don Antonio “Chispas”.

“Al comerciante de granos y abarrotes  lo perseguían todos: la Policía, Control de Precios, Control de Pesas y Medidas, Establecimientos Públicos, Salud Pública… Las basuras no las recogían los de Emsirva;  los teléfonos se quedaban dañados por semanas.  Les  cerraban los negocios dizque  por acaparadores, que por especuladores, que por salud pública, que por tránsito. Había una tiranía estatal: éramos unos hampones para las autoridades.”

Su extrema timidez

Don Antonio Duque “Chispas”, el líder gremial al que le dolía ser perseguido por su actividad,  después de múltiples visitas, durante años enteros,   puso en 1984  sobre los  hombros de Octavio, esa carga pese a su timidez tan marcada.

¡Ese era el motivo de no comprometerse: hasta ese momento, Octavio nunca pudo hablar en público, nunca pudo sustentar una tarea oral  y cuando aceptó, temblando,  se dirigió a quienes lo aplaudían y   ni siquiera era capaz de mirar a la gente!

Nota. Yo, su compañero de estudios primarios y secundarios soy testigo de su pánico escénico: Excelente estudiante, pero sólo escribiendo; porque si le preguntaban una lección oral, se ponía rosado, la piel le sudaba a cántaros, se quedaba mirando al vacío y, a pesar de sabérsela al pie de la letra,  la perdía irremediablemente; tal era su timidez.

Intrigado, al verlo muchos años después dirigiéndose a multitudes y   codeándose con el Jetset político y  comercial del Valle del Cauca, le pregunté cómo había logrado, con creces, vencer ese inmenso obstáculo:

 “Mi esposa; eso fue mi esposa que  comenzó a ponerme ante espejos de cuerpo entero, a hablar en una grabadora, para luego oír y corregir… Ella me sacó del mutismo”. –Me dijo, con reconocimiento hacia su esposa-

¡Septiembre de 1990: Cali con Colonia oficial!

Recuerda, cuando aún era niño  y quedaron  en su memoria las competencias de  las casetas en Granada, que apoyaban reinados de muchachas  que  las colonias traían  para recolectar fondos destinados  obras sociales.

Dentro de las casetas, la gente bailaba un momento con la candidata, por sólo un peso.

 “Otro peso… otro peso, otro peso”,  era el estribillo que se cantaba, mientras por esa suma, llegaba otro parroquiano y le quitaba  la reina al improvisado bailador, que no bailarín.    “Eso sembró en mí la semilla de participar, de apoyar, ser solidario” –Anota-

Los recogedores en ponchera  cierta vez en el aeropuerto de Rionegro, trece personas,  entre ellas, Fernando “Polo” Gómez, Alonso Hoyos, Pedro Claver Duque, Horacio Duque, Iván Buriticá y otras que involuntariamente olvida,  iban con ayudas  para un evento de caridad  que se realizaría en Granada.

De pronto le dijeron: “Don Octavio, estamos cansados  de pedir limosna, ya hasta los benefactores se esconden cuando nos ven llegar”.  Como se trabajaba muy informal y dispersamente, pensaron en conformar la colonia de Cali, con todas las de la Ley.

Ese fue el inicio de una idea que se cristalizó en el mes de septiembre de 1990.

Como la Colonia se creó sin cuotas de afiliación ni de sostenimiento, organizaron fiestas espectaculares en Las Vallas, donde aún se recuerda el espectáculo del humorista Vargas Vil.

“Fue tan exitoso, que hasta por las ventanas entraba la gente. ¡Se recogieron doce millones de pesos hace 27 años!  Con la platica se disponía la mitad para desatrasar deudas del  asilo  y en cuotas mensuales de $500.000 pesos se le fue entregando, hasta que se agotó.” – Dice Octavio-

Ese fue el inicio de las muy famosas  dos romerías de la Colonia; un motivo de encuentro entre los granadinos y amigos de Granada en Cali.

El exalcalde de Cali, Rodrigo Guerrero Velasco, que ha apadrinado a la Colonia desde hace mucho tiempo,  dijo refiriéndose a la inmensa multitud  de comerciantes granadinos y sus descendientes afincados en Cali y el Valle del Cauca:

“La Multinacional más grande es la colonia de granadinos en Cali que da trabajo directo e indirecto a más de veinticinco mil (25.000) personas.”

Pero su accionar no se circunscribió sólo a la Colonia y el movimiento gremial,  porque promovió, junto con los fundadores,   la creación de la Corporación Granada Siempre Nuestra y la presencia de las cooperativas Coogranada y Creafam  en el Valle del Cauca.

Justamente, cuando el escepticismo en el cooperativismo era total, pues en el Valle, un altísimo porcentaje de las cooperativas se habían quebrado, unas por decisiones gubernamentales funestas y otras,  porque desviaron sus principios, imbuidos por la  crisis  de valores debido a que  muchos jóvenes no queman procesos; quieren enriquecerse de la noche a la mañana, sin mucho esfuerzo. En cambio, a nosotros nos une la necesidad, nos unen las dificultades, nos une la escasez; a nosotros no nos sobra nada sino que todo es en base a lo que está faltando. ¡En ese ambiente aparecieron las cooperativas granadinas en Cali  y eso para mí, tiene mucho mérito!”  -Anota-.

Reconoce el gran apoyo de éstas  a las personas que apenas empezaban a trasegar el mundo del comercio en el Valle,  cuando no tenían historia crediticia y  merced a ellas, muchos,  hoy en día,  son empresarios prestantes en Cali y en el  Valle del Cauca.

He de contar también, que Octavio era “el paño de lágrimas” de cuantos llegaban a Cali en busca de oportunidades. Que lo diga yo, que llegué en los 90 a dicha ciudad en busca de oportunidades laborales, con mi esposa y mis dos hijos. Inmediatamente encontré la ayuda de Octavio, quien hizo los contactos inmediatos para que estudiaran en escuelas oficiales. Recuerdo aún, con mucho agradecimiento al colegio Rafael Navia Barón y la escuela “Francisco Montes Idrobo” donde fueron recibidos aun  extemporáneamente. Gracias, Octavio. 

Octavio Quintero hoy:

Este ya no tan tímido personaje, paradigma de esfuerzo personal y de compromiso social, se casó con Nubia López,  caleña  de apellido paisa, con quien procreó dos hijos: Juan Pablo y Melissa, ambos profesionales.  

Es, actualmente, Contador Público y Administrador de Empresas,  Gerente de GRANISAL LTDA y GRANOS LA FLORESTA. Pertenece a la Junta Directiva de FENALCO VALLE y al Consejo Directivo de COMFENALCO VALLE;  miembro de la junta directiva de la CÁMARA DE COMERCIO DE CALI y Presidente de la FUNDACIÓN CASA DE ANTIOQUIA PARA EL VALLE y, lógicamente, Presidente de la COLONIA GRANADINA RESIDENTE EN CALI. Por estas y muchas más ejecutorias,  ha recibido muchas honoríficas distinciones, tales como el que le otorgó la institución SINERGIA SOLIDARIA POR CALI, con el título de  “CIUDADANO SOLIDARIO 2014 y hoy, el que motiva este homenaje de reconocimiento: la exaltación como presidente de la Federación Nacional de Comerciantes FENALCO, seccional Valle del Cauca.

Comité Interinstitucional de Granada

Medellín, 15 de octubre de 2016

 

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