Reminiscencia del parque principal del municipio de granada Antioquia y de su feria de ganado.

Por Jaime de J. Montoya García.

Por: Julio Cesar Giraldo, Presidente Centro de Historia Granada.

“La gracia del cielo hace que, en raros momentos de inspiración, ajenos a su voluntad, el arte nazca inconscientemente de la obra de su mano.” Walter Gropius.

Referirnos al artesano, es decir de aquel personaje que de manera casi innata emplea sus manos y pocos elementos rústicos para transformar en elementos útiles o adornos un trozo de madera, un manojo de fique, una bola de barro, un cuarto de cuero, y cuantos materiales más en figuras que con su destreza y creatividad dan forma.

Por: Faiber Salazar

De estatura pequeña pero de gran corazón. Así es José Miguel Atristizábal Tobón “La Pulga”, un niño ciclista que desde hace ya varios años se ha venido destacando en diferentes competiciones representando al municipio y a al Club Escuela de Ciclismo de Granada.

Por Nidia Cardona

Pueblo insignia de esperanza que oculto en las montañas del oriente antioqueño esboza alegría en la gente que lo habita.

Por. Jaime Ovidio Giraldo García.

Mis personajes no son imaginarios, fueron reales y enriquecieron  el paisaje visual de mi pueblo, en el siglo pasado, existían en Granada personajes que hacían a mi pueblo perfectamente bucólico y diferente. Personajes sin los cuales nuestros pueblos perderían su identidad y su encanto, tornándose las empedradas calles tristes e insulsas, algo así como una sopa callejera sin condimentos.

Los bobos de mi pueblo, se regaban por las calles como cosecha, eran muchos y variopintos, con sus típicos atuendos,   tenían una identidad que la proyectaban con estilos muy particulares, es el caso de julio maracas, siempre de un saco oscurecido por la mugre y con ventilación por todos los costados, descalzo y con un palo de escoba  entre sus manos, para defenderse de los perros, ni dormía ni dejaba dormir, madrugaba a las cuatro de la mañana, a golpear las puertas con su bordón, y los perros empezaban el concierto de los ladridos, ante el desconcierto del vecindario y Maracas corría lanzando al aire enrarecidas carcajadas,

Rafael pulió de inmensos y saltarines ojos azules y unas abundantes y enmarañadas  cejas, semejando barullos de ensortijados cabellos, puestos sobre sus parpados, de un caminar lento y hacia los lados, como bamboleándose a ritmos acompasados, movía agitadamente las manos sobre su rostro,  para espantar una bruja disfrazada de mosca, que le rondaba la punta de su nariz,

Rodolfo peloto, un personaje  extremadamente típico, anunciaba las muertes de quien moría en el pueblo, caminaba  rejunjuñiando y guapeaba pujando para cargar bultos especialmente carbón, no cargaba salvado, porque le ensuciaba su sucia camisa blanca;  los muchachos de la época lo insultaban y le hacían dar oceánicas soberbias gritándole: que viva el partido conservador, para que asi votara las monedas que había ganado durante el día

Taque pum, marco la época con su particular forma de vivir, ingenuo  buscador de guacas, vestía un saco de dril amarillo y pantalón arremangado a la rodilla, descalzo de mediana estatura, y piel cobriza ojos desorbitados, de caminar rápido, era la fiesta de los jóvenes de esa época, que le armaban la barahúnda, con el cuento de que las  animas le tenían un entierro de perlas de oro y se lo llevaban en larga procesión, en horas nocturnas y preferiblemente en noches de luna llena, y ya le tenían pactado y montado el efecto teatral,  con una fogata incluida   en los rastrojales, en los alrededores del pueblo, para hacerle creer que allí ardían las animas por sus pecados y que se arrepintiera, cumpliendo  las penitencias que los vagos de la época le imponían y que debía cumplir en el transcurso del día, para que fuera al lugar donde se encontraba el entierro, uno de los patos, de los muchos que acudían al evento, salía corriendo con un costalado de piedras pasando veloz, por el lado de taque pun, haciéndole creer que le habían robado el entierro, y este salía a largas zancadas detrás del intruso gritándole  que por favor, por favor, le descargara las joyas que le pertenecían, las calles del pueblo fueron una  cascada de rizas, que desfogaba este gracioso comportamiento.

María boba, hacia la primera comunión cada ocho días y se vestía de un estruendoso vestido color blanco, con diadema de rosas y todos sus dedos anillados con vistosas latas, cuando le indicaban un manuscrito para  que lo leyera, inventaba disparates, hasta terminar la lectura llena de graciosas incoherencias, rematando los oyentes con sonoras carcajadas, que hacían rabiar al personaje,

Baldomero no era Granadino se cree era del santuario, pero se amañaba en Granada, era un recitador de versos copleros, también se desmayaba en varios idiomas, y sus pataletas las suspendía cuando alguien le daba unas monedas,

Chupete el ciclista, se iba en bicicleta recorriendo  largas distancias para encontrarse con el bus que lo llevaría de regreso a Medellín, de una prodigiosa memoria, repetía al pie de la letra, hojas y hojas de memoriales que le redactaban, para presentarlos  en alguna oficina de Medellín, para hacer no sé qué reclamos, además daba las horas pico, desde la terraza de su residencia, con una corneta que resonaba estruendosamente en el caserío.

Cada pueblo, exportaba o importaba sus propios bobos, y los bautizaban con el nombre de origen, en Granada residía el bobo del santuario, y en el santuario  pernoctaba el bobo de granada; precisamente lo que hizo diferente a nuestros pueblos.

En este aspecto del folclor paisa, los bobos existen en todos los pueblos y ciudades colombianas, quien no sabe las historias de cosiaca,  son  personajes folclóricos, personajes pintorescos, muchos de ellos sin biografía, seres anónimos que por algún motivo llegaban a los pueblos,  sin saber de  dónde venían, no tenían a donde ir, llegaban a cualquier parte, donde encontraban comida ahí  se instalaban. Los tiempos cambian, pero los tontos siguen de moda, permanecen con apariencias diferentes y en estos tiempos es un  poco más sofisticada la bobada.

Un bobo sirve  en un pueblo, para lo que le sirve un chupón de caucho a un niño, para entretenerlo, el chupón no suelta nada, solo sirve para distraer, auto-engañarse, o auto-tranquilizarse, como puede ser chuparse el dedo o la lengua.

Así pasa con los bobos, entretienen, hacen mucha falta sobre todo en los pueblos, donde la rutina, la cotidianidad, nos hace monótonos los días, y el bobo con sus pilatunas altera el ritmo social, porque hace o dice, o bien hace y dice, lo que los llamados normales o avispados no hacen ni dicen. Ser bobo de nacimiento es muy fácil, es genéticamente elemental, es simple, pero hacerse teatralmente el bobo, es complicado.

Más allá de las meras e hilarantes anécdotas sobre el mundo de los mal llamados bobos de pueblo. Este comentario esconde una dura crítica a la sociedad de la época que gozo, paso bueno, como dicen, a costa de la minusvaloración mental  de los protagonistas que no eran culpables de su alienación, a pesar de las carcajadas que nos proporcionaron sus disparates, no puedo dejar de sentir al mismo tiempo, una cierta tristeza por la ausencia física de estos graciosos personajes que enriquecieron con sus gestos, palabras y sus pataletas, una época donde nada excepcional pasaba, excepto el tiempo.

Con la desaparición natural  de estos graciosos personajes,  se nos negó la posibilidad de seguir disfrutando de sus charradas. Ya las calles sin estas simpáticas personas se tornan rutinarias y monótonas porque el bobo era parte obligada del paisaje social de los pueblos.

Los mal llamados bobos del pueblo, muchas veces fueron tratados como objetos de escarnio público, pero a veces también fueran venerados.

El bobo está con regularidad caracterizado por su hambre, se dice, que come más que bobo hambreado, padecen sed, lujuria, y muchas veces se dejan llevar por el instinto primario de sus obscenidades, ya que carecen de una personalidad social para enmascarar sus emociones, a ellos no les llego  instalado el chip en sus cerebros  de la hipocresía; como son, así se muestran, él  tonto es infantil en la completa franqueza de sus respuestas: cuando es feliz, se ríe; cuando está triste, llora. Caminan por las calles faltos de memoria e incapaces  de sacar conclusiones lógicas; el pasado y el futuro, no les interesa, carecen de sentido para ellos, y felizmente viven en y para el momento.

Por desgracia para nuestra civilización, los humanos nos hemos vuelto más tontos en los últimos 100 años, Las razones estarían en la genética (ya que las personas inteligentes tienden a reproducirse en menos cantidad) y en la comodidad de la vida actual (ya que gracias a los avances tecnológicos, cada vez necesitamos utilizar menos nuestros cerebros, acercándonos cada vez más al límite extremo de la bobada, estamos en zonas de confort y ahí vamos a pasos agigantados de la mano de los aparatos tecnológicos, al mundo de los tontos, por el uso extremo de los aparatos electrónicos, porque ya muchas personas  lo único que tienen de inteligente, es su celular, ¡¡!Halo!! desde mi móvil inteligente, comunicándome!! Me escuchas?

Jaime Ovidio Giraldo García.

Medellín, septiembre del 2016.

 

Por José Carlos Tamayo Giraldo

Publicado en la Revista Granada - Edición N° 65

Esta charla-entrevista ya estaba abortada. Hacía tiempo que yo insistía pero no se había podido concretar por las  ocupaciones que Raúl Giraldo debe  tener como  socio mayoritario del equipo Deportivo Independiente Medellín, DIM; pero, Gustavo Benjumea Gómez,  un amigo  desde Cali,  y poseedor de una memoria prodigiosa, tanto insistió,  que al fin, llegamos al personaje: un tipo “desabrocha’o”, sin muchos protocolos, amiguero de farras; mejor dicho, un bacán, como le  decimos a la gente que aún conserva el espíritu silvestre.

Por Daniela Correa, Daniel García, Isabel Peláez, Dilsa Ramírez

Sinopsis del conflicto armado

En Granada, un municipio ubicado en el Oriente Antioqueño, operó desde los años ochenta, los Frentes 9 y 47 de las Farc, y el frente Carlos Alirio Buitrago del ELN. Debido a la presencia de estos grupos armados, la población de Granada se comenzó a desplazar; pero solo a mediados de los años 90 se masificaron estos desplazamientos con la llegada de las AUC. Personas en su mayoría campesinas- más del 78%- fueron dejando sus tierras debido a los hostigamientos por parte de estos grupos armados y al uso de MAP (minas antipersona) y de AEI (artefactos explosivos improvisados) en sus terrenos, que afectaron la economía del municipio, debido a que su principal actividad ha sido enmarcada por la agricultura y la ganadería.

Por Hugo Tamayo Gómez 

El entierro fue el jueves a las cuatro de la tarde. Ya en el cementerio, cuando fui a empujar el ataúd para guardarlo, miré hacia arriba y vi la Virgen de la Piedad, que está con el señor en los brazos, y dije: ¡Ay, virgencita!, gracias por haberme permitido tenerlo, educarlo, formarlo, verlo crecer... En nombre de Jorgito, pido perdón a todas las personas que él en su corta vida haya ofendido. Y te ofrezco de todo corazón el perdón para los que lo han callado y que creen que segando vidas parará este conflicto que vengo padeciendo desde que tengo uso de razón. Algún día les remorderá la conciencia. Que Dios los bendiga. Me eché la bendición y me fui.

Foto: Google

Por: Didier Giraldo Hernández

Un muy bonito gesto tuvo el pueblo antioqueño ante la tragedia del Chapecoense. Más de 70 vidas segadas permitieron despertar la solidaridad de una ciudad y una hinchada quienes horas antes los consideraban sus rivales. Conmueve profundamente la solidaridad, el gesto humano, la conmoción ante el dolor ajeno. Ver miles de personas con sus camisetas blancas, sus velas, sus bombas y su sentimiento, gritando las arengas de guerra del rival como homenaje… ver una ciudad movilizada y un país parado ante el televisor con un nudo en la garganta hace pensar que de verdad somos un poco humanos y que a pesar de todas nuestras propias tragedias todavía somos una sociedad capaz de sentir, capaz de la compasión y de la ternura.

Por: Hugo de Jesús Tamayo Gómez

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Si logramos precio de $ 2.000 en adelante, nos va bien, le susurró Lucía a Alejandro, su esposo, ya debajo de las cobijas, listos para quedarse dormidos. A principios de la semana estuvo a $ 2.500, el miércoles a 2.700 y 3.000. Pero ayer —viernes— solo pagaron el frijol a $ 2.150 el kilo, le contestó él. Dios quiera que el lunes cojamos buen precio, volvió a decir Lucía. Luego entonó una oración, apagaron la luz y no se escuchó ni una palabra más hasta las cinco de la mañana, cuando ella se levantó a hacer el agua de panela y le dijo: Hágale pues mijito, para que nos vamos y terminemos de empacar antes de que venga la chiva.

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