De Granada a Santa Ana. Un recorrido lleno de historias

13 Jul 2016
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Por: Jeison A. Giraldo

Twitter: @Pacho_Carlos

Antes de iniciar este relato, quise consultar a Edilfer Giraldo quien fue monaguillo en la parroquia Santa Bárbara de Granada y sacristán en este corregimiento a finales de los 90´s y principios del 2000. Así que Edilfer ha sido muy cercano a los sacerdotes y todas las actividades que realiza la iglesia.

Edilfer comienza su relato contándome que “Santa Ana en los años 90 hasta el 2002 era de mucha gente, las calles a toda hora eran con personas que subían y bajaban. El colegio y la escuela funcionaba con muchos estudiantes, el corregimiento tenía transporte de bus y las escaleras bajaban en la mañana y en la tarde”.

Santa Ana era conocida por la producción de panela, yuca, plátano, café, naranja etc. “era tanto que muchas veces los viernes bajaban dos escaleras para sacar hasta Granada los productos”.

Dice tener en su mente muchos recuerdos bonitos, procesos con los monaguillos que quedaron en el aire porque hasta el padre se fue. Así como a Edilfer, muchas más personas tuvieron que dejar cosas sin terminar.

Como en esos tiempos en los que me contaba Edilfer, hoy el transporte hacia Santa Ana se ha venido fortaleciendo, por ejemplo Edwin López, un joven de 26 años, amante al deporte, conocido como “Peluca” apodo que lo heredo de su padre, hace mucho transporta a la gente de esta zona. Él como cada ocho días los domingos a la una de la tarde, esta  al volante de la chiva verde, esa que ni en tiempos de violencia dejó de bajar a Santa Ana a pesar de que a su padre quien es un reconocido ayudante y propietario del carro junto con su colaborador y el chofer, les tocó ver bajar campesinos inocentes del carro para  desaparecerlos.

“Peluca” en sus inicios como transportador y en los muchos viajes ha visto como Santa Ana estuvo sola y triste, dice ser un testigo de la recuperación que de a poco ha venido demostrando. Hace aproximadamente 2 años el carro y sus trabajadores, amanecen los días viernes y sábados en el corregimiento, actividad que estuvo suspendida durante varios años cuando la violencia estuvo tan aguda.

En este relato tengo que confesar públicamente que todos los domingos que mi trabajo lo permite, procuro bajar a Santa Ana y compartir entre los pasajeros y amigos un buen viaje, en estos recorridos he tenido la oportunidad de conocer varías personas que me comparten muchas historias.

Esta vez además de ir al lado de Edwin como muchas veces lo he hecho, no solamente voy a degustar un pollo de los que venden en el parque y a tomar una cervecita, sino que también voy amanecer y disfrutar de las fiestas Patronales y del Retorno.  

Cuando en la variante de mi pueblo me subo al carro soy consciente de que me esperan varios kilómetros por recorrer, pero no son suficientes para escuchar todas las historias que esta vez me va a contar “El negro Gonzaga del Oso”, un ganadero y caficultor de la zona que le toco padecer todo el rigor de la guerra, es de sombrero blanco, viene de hacer el mercado en Granada y me relaciono fácilmente con él, es un hombre que tiene claras las fechas y lugares de las anécdotas que cuenta.

Según nuestro amigo de viaje Gonzaga, un lunes del mes de abril, el reloj de la iglesia de Santa Ana se quedó marcando las 9:00am, él recuerda que después de una noche de bohemia le cogió la tarde para ir a su casa, hace poco cuando pintaron el frontis de la iglesia le dieron cuerda y ahora marca las 4. Santa Ana más que un reloj que da la hora mal, es un pueblo que se viene recuperando en forma rápida.

Toda la violencia la vivió en su vereda, El Oso: Dice que el secreto a que todavía está con vida, es que nunca le cargo nada a nadie, que aunque varias veces el miedo se apodero de él, su escudo fue la verdad. Al recordar varias historias se hace la señal de la cruz, que va desde la frente hasta el pecho y del pecho hasta su hombro izquierdo y derecho respectivamente; a varios de sus vecinos les compró hasta 23 reses de ganado y dice que hubo caballos ensillados que le llegaron a valer doscientos mil pesos.

A Gonzaga le toca parar varias veces su relato porque a “Peluca” como en señal de que está próximo a llegar a Santa Ana, le toca pitar, pero eso sí, nunca pierde el hilo de la historia. En la afluencia de público que asistió a Santa Ana, Gonzaga y yo no nos pudimos volver a ver.

Hoy este corregimiento celebra sus fiestas gracias a la constante seguridad que le da el Ejército Nacional. Los visitantes disfrutan de todas las cosas bonitas que les brinda tanto sus paisajes como su gente, es un verdadero placer. En las eucaristías hay más afluencia de público, los fieles de mano de su Dios ven la ayuda para hacer de Santa Ana un pueblo en paz y con mejores oportunidades.

Muchos la llaman “La niña mimada de Granada”, la gente habla maravillas de Santa Ana y su gente, del famoso Charco Negro del que usted no se puede marchar sin visitar y el que es un verdadero encanto.

Deporte, Cultura y tablado popular son algunas de las actividades que se viven en estas fiestas, la más esperada por todos los paisanos de esta tierra que algún día por temor a la guerra tuvieron que abandonar.

 

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