Santa Ana renace en la esperanza

Por: Fernando López Q.

Érase una vez un pueblo donde la esperanza andaba y andaba sin saber dónde descansar. Érase un leyenda de luz escrita en la pizarra de los siglos, páginas donde se luchaba, se pensaba, donde se cantaba y se aprendía, donde se rezaba y se enamoraba. Érase un pueblo con incendios de gloria por todas sus esquinas. Érase un pueblo de paisanos amables, solidarios, cercanos, risueños. Érase una vez un pueblo… érase una vez un cuento.

 

Granada lleva de la mano un lindo pueblito bañado por charcos, pues es este su único hijo amado. Pueblito anclado en el corazón de la patria chica. Pueblito pintado a pulso en sus azules cielos y sus verdes campos; pueblito de mi infancia, de golosas y canicas, infancia que jugó en sus calles al escondidijo y a la chucha paralizada.

Hoy contamos nuestra historia para aprender de las lecciones del pasado, para que los errores no se repitan, para construir un mejor futuro con los nuestros. Hoy renacemos para vivir, para soñar, para cantar y para orar. Renacemos para seguir venciendo las distancias, para sostener nuestros hogares aferrados a este pueblo, a este parque, a la bendición de la madre de María.

Revivamos nuestros recuerdos y coloreemos nuestros sentimientos. Recordemos aquel caballito de palo en el que recorrimos nuestro pueblo por primera vez, luego fue más largo el paseo: de la casa al colegio. Recordemos los nombres de quienes llenaron de vida sus calles, los nombres de las familias más antiguas. Hemos medido con latidos del corazón cuántos pasos se necesitan para llegar a casa o a los lugares queridos, lugares de abuelos y de remotas infancias.

Recordemos la semana de la juventud, las veladas culturales, el duende, la mujer araña y la muñeca rubia, el perro negro que le salía a los novios traviesos… Recordemos a Marco Tulio, Tina, Rosa María, Isabelina y mamita Julita, a Esther Solina, la telefonista; a Julita Pacha, la catequista; y a Teresa Melliza, la inolvidable secre de nuestro colegio. Recordemos porque es importante saber quiénes somos, de dónde venimos, para comprender que el futuro no es el mañana, sino el momento que estamos viviendo justo en este instante.

Recordamos para renacer, porque necesitamos volver a soñar y a construir paz. Paz con sudor humilde para el campesino. Paz en la madrugada y en el ocaso. Paz para el machete y el azadón. Paz para el campanario con su reloj. Paz para el niño, paz para el abuelo. Paz para nuestros campos y paz en nuestras oraciones.

Recordemos todo el esfuerzo y el espíritu de superación de cada uno de los santaneños; sus logros, sus sueños y sus metas. Rogamos que al calorcito de las antorchas estén protegidos de recias tempestades. Y si algún día nos marchamos de estas tierras, nunca olvidemos que este pueblito nos espera por siempre, no lo encontraremos jamás en nuestro camino porque este es el lugar de llegada, el lugar para descansar. Santa Ana es nuestro hogar, la partida, la llegada.

Pueblo bello, pueblo de miel de caña. Déjanos pastar nuevamente en tus colinas y reír en tus balcones mientras caen las tardes llenas de arreboles y arcoíris de colores. Es hora de emprender un nuevo comienzo, de construir otra historia. Santa Ana renace en la esperanza.

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