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Las relaciones irreconciliables entre tres actores: Descentralización, Desarrollo y Economías Campesinas.

11 Oct 2011
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Por: Julián M. Vélez Tamayo, Ec.
20 de septiembre de 2011

 

Los actuales procesos de acumulación del capital y globalización económica, hacen pensar en una realidad histórica irrenunciable: la sociedad del siglo XXI es una sociedad capitalista, regida por relaciones capitalistas de producción, donde se incentiva el proceso de creación y reproducción del acervo de capital. Todo esto, producto del proyecto modernizador Liberal propio de los siglos XVII y XVIII que generó, con las llamadas revoluciones burguesas, el concepto de Estado Liberal, que para Locke no es otra cosa que una comunidad política dentro de un contrato social natural, donde los hombres tienen unos derechos naturales como: la vida, la libertad y la posesión de bienes, ello es así porque los hombres son iguales y libres ante Dios, el Estado Liberal es un Estado donde se haya paz, seguridad y convivencia ciudadana o entendiendo Estado, en términos marxistas, como un Patrón de Poder o estructura política de un modo de producción, en este caso: Capitalista.. El Estado Liberal, según Locke, nacerá “Por consenso y tendrá entre sus principales funciones la protección de la vida, la propiedad y de la libertad”

En muchos sitios del globo y en un país como Colombia, donde los procesos de desarrollo están todavía adaptándose a las necesidades y nuevos modelos impuestos a nivel nacional, que propone un desarrollo a partir de la llamada “apertura económica”; esta se trata de una fase de todo el proceso propuesto en el Modelo neoliberal. Existe un conflicto, una contradicción efectiva entre el discurso globalizador, propio de la modernidad capitalista y las realidades observables en nuestra América Latina, inundada por los discursos desarrollistas; se trata de una contradicción evidente entre las exigencias de un proceso globalizador que requiere una economía fuerte contra economías tradicionales, es decir, donde una economía aún es muy rudimentaria de “pan comer”, donde no hay presencia del capital financiero y eventual reproducción. En muchos lugares, las relaciones de producción se hacen aún de una forma “Campesina”, en el Modo de producción capitalista, la forma campesina asume papeles secundarios en todas las formaciones sociales, aunque históricamente quizás se puede encontrar que lo campesino jugó un papel importante, primordial, pero el sector campesino asume ahora un papel subordinado. Mientras una situación “teórica” de apertura supone la existencia de una fuerte estructura económica, se evidencia que a pesar de la propuesta de un modelo hegemónico coexisten otras formas de producción.

La propuesta constitucional en Colombia de 1991, apunta a la configuración del Estado con la esencia de la defensa y fortalecimiento de la sociedad civil y sus derechos. La definición de Estado Social de Derecho es una respuesta a la necesidad del país, además el proyecto Constitucional choca con un proyecto paralelo a ella, el modelo neoliberal propuesto para lo económico y lo social; las bases y principios del modelo apuntan a la descongestión de las responsabilidades sociales del Estado Central y a delegar, a través de mecanismos como el de tributación, responsabilidades a la sociedad civil; es en este sentido en el que convierte a los municipios en Entes Descentralizados, delegando en ellos responsabilidades que eran propias al Estado Nación central. Por tanto, este proceso de descentralización se ubica perfectamente dentro de la perspectiva neoliberal ya que evidencia una reducción del tamaño y responsabilidades del Estado, ayuda a la desburocratización y permite la eficiencia, garantiza las condiciones para la movilidad de los factores de producción.

El Estado ha jugado un papel importante pero ha ido disminuyendo de su participación. En este sentido, se habla del grado de intervención del Estado en el proceso económico y social como la gestión pública del desarrollo económico, centrándose en la administración de la cosa pública por parte del aparato gubernamental y la burocracia administrativa. Así como la descentralización consiste en que entes administrativos menores asuman responsabilidades de Estado, la gestión pública también se descentraliza y, por tanto, son las unidades político-administrativas menores, como los municipios, quienes estarían en obligación de ejecutarla.

Colombia, durante un siglo se caracterizó por una organización centralista, propuesta de la Regeneración de Núñez en su proyecto de construcción del Estado Nación. El Desarrollo y la descentralización se convierten en dos objetivos simultáneos en los nuevos procesos propuestos en el discurso predominante, es decir, desarrollista.

La propuesta descentralizadora se enfrenta entonces a situaciones aparentemente irreconciliables: la renuncia a la condición homogénea de todas las unidades administrativas menores con una legislación igual de uniforme, (propuesta centralista de la Regeneración); con la búsqueda de autonomía local, mayor participación en la autogestión del desarrollo y un mayor protagonismo de los entes menores. A pesar de ser una contrapropuesta, los procesos de descentralización también parecen contradecirse en una realidad caracterizada por el recorte de las transferencias, limitación de intervenir los modelos de gestión local, re-centralizar recursos y supeditar las agendas locales a las centrales. El proceso político en Colombia luego de la época de la violencia, la dictadura militar (1953-1957) y seguido del Frente Nacional, “Sistema Político que repartía milimétricamente el poder representativo en los partidos tradicionales” en donde también se buscaba una repartición equitativa del poder, no sólo representativo o electivo, sino también las cuotas partidistas en los demás órganos del Estado y ramas del poder público, entró en crisis hasta que se inició el proceso de descentralización con la primera elección popular de alcaldes en 1988. Esta crisis puede obedecer a: Desfase entre lo social y lo político, donde en lo social, una sociedad se transforma por procesos demográficos, urbanísticos, culturales y de secularización mientras que lo político permanece anclado; también obedece a una legitimidad de la gobernabilidad del Estado, donde la función del estado se distorsiona con la forma de ejercer esa legitimidad.

El Frente Nacional entra en crisis también por la caída de la credibilidad en los partidos tradicionales incrustados en el Estado, es así como el mismo Estado se encuentra en crisis ya que los Partidos no representan los intereses del pueblo. En la década de los ochentas, periodo post-frente Nacional, surgió la necesidad de resolver los problemas del Estado, es decir, solucionar la dificultad de que el pueblo “debía” acercarse nuevamente a este, y por tanto, apostar a una “Refundación del Estado”; es en ese ambiente que surge el proceso descentralizador, ya que éste reformula lo político, recupera al Estado, la Soberanía y la Gobernabilidad, busca democratizar el poder. Este proceso en Colombia se vio simultáneamente acompañado con la caída de las dictaduras militares en América Latina. Este proceso de descentralización se enfrentó luego con la prueba de fuego de la Constitución Política de 1991, donde se reafirmó este proyecto “de nueva reconstrucción nacional”. En la década de los 80’s se evidencia el reto de recuperar y formar un nuevo Estado. Por un lado el aspecto político busca refundar el Estado, haciéndolo de alguna forma “fuerte”, acercándolo a la gente, permitiendo procesos de participación ciudadana, interviniendo en todos los procesos que afectan la comunidad; contra la propuesta neoliberal que busca la reducción de ese mismo Estado, convirtiéndolo en un Estado eficientista, no interventor.

En el aspecto económico, en la propuesta neoliberal con la “apertura económica” de Gaviria, es posible hablar de “sectores damnificados” dentro del Neoliberalismo. Mientras procesos de producción agrícola o primarios se acomodan perfectamente a esta propuesta como la caña de azúcar en el Valle del Cauca, la extracción de petróleo, la producción de café, las flores, producción energética, etc. Los demás procesos no alcanzan a ser significativos. Son algunos sectores los que se incrustan a la propuesta “desarrollista” de los organismos de gobernanza internacional, mientras que otros, como los procesos de producción dentro de unas economías campesinas parecen resistirse al modelo. Son estas relaciones campesinas, de “pan comer” las que se niegan a incrustarse en el neoliberalismo, y son características como éstas las presentes en gran parte del territorio colombiano.

Por tanto, al ser el Estado Nación producto del proyecto Moderno Liberal Capitalista afectado por una crisis en los años Post-Frente Nacional que dio origen a la descentralización, y reconociendo la existencia de otras economías en Colombia, el modelo de Gestión Pública dentro del proceso de descentralización, propuesto por el neoliberalismo, no ha tenido en cuenta la existencia de economías campesinas, tampoco se ha evidenciado el aporte de estas formas con el desarrollo económico, no ha sido posible tampoco determinar una relación efectiva entre el proceso de descentralización en el país, tanto político como económico, con el desarrollo económico.

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