Mi experiencia en latas voladoras

02 Mar 2019
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Mi experiencia en latas voladoras

Por: Yeison A. Giraldo

En el barrio El Popular de la ciudad de Cali, vive la gran mayoría de familiares por parte de mi mamá. Estar con ellos, es un ambiente agradable que no necesita playa para darse unas buenas vacaciones.

En mayo de 2017 tuve la oportunidad de visitarlos, charlar con ellos; fue un viaje lleno de mucha adrenalina, cervezas y uno que otro aguardiente, como por variar. Además fue un regalo de mes de madres, pues para ese tiempo mi abuela María Eva aún estaba viva.

Aunque siendo un niño, tuve la oportunidad de visitar esta ciudad, no la aproveché mucho. Lo cierto es que esta vez sí anduve y conocí muchos lugares.

Cumplí un sueño que había tenido desde niño, monté en avión. Uno casi igual a esos que veía pasar por el cielo azul de mi pueblo; ese anhelo que tuve desde niño, ya era una realidad. 

Al ver esas latas voladoras me preguntaba ¿cómo era posible tanta inteligencia en el ser humano? ¿cómo era posible que el ser humano sin alas, pueda volar y que gracias a las capacidades que Dios le dio pueda hacer cosas tan impactantes?

Saber que uno va a estar cerca al sol no es fácil y más cuando es por primera vez. Yo había estado dentro de un avión pero en COMFAMA, y ese va a todas partes, pero sin combustible.

Es un vuelo de media hora, casi el mismo tiempo de lo que dura una misa en mi pueblo, con la diferencia de que arriba se concentra más en la oración y reza con más fe.

Es una cosa con todos los juguetes: por ejemplo el celular también tiene que estar en modo avión, gracias a Dios todos los contactos aterrizaron sin problemas.

Muy curioso eso de que se tenga que quitar la correa, las monedas, los anillos. Recomendaciones tan tontas como no cargar instrumentos corto punzante, pues ¿qué es eso? En medio de mi pensamiento terrorista me imaginé encuellando a la azafata, amenazándola con mi corta uñas mogoso y pidiéndole que si no me lleva a la cabina donde el capitán, la mataría ¡uy pues!

Dicen que es el medio de transporte más seguro y yo sí creo, porque si uno se cae a 100 mil pies de altura de seguro se muere. Lo más seguro, a modo de chiste, es que si el avión se cae, por la única parte donde puede salir es por las noticias.

Montar en avión es curioso, es bueno. Una experiencia que vale la pena repetir. Y el miedo que siente uno al volar por primera vez, se va volviendo una necesidad.

Al hablar de aviones, no puedo dejar pasar una anécdota muy curiosa que me pasó con mi amigo Darío “Antuco”, el hombre se disponía a viajar. Recuerdo que estaba muy tomado y le pregunté ¿usted se va a ir así borracho en el avión? y me respondió: "Tranquilo Mazamorro que yo no soy el piloto".

Gracias a todos los primos, a los tíos, a los conocidos a todas esas personas que me hicieron sentir bien en ese viaje. A mi Abuelita María Eva, que partió a la eternidad el 5 de enero de 2018, recuerdo que soltó varías lágrimas cuando nos despedimos de ella, le di un beso grandototo que le va a durar hasta que nos volvamos a encontrar.

 

 

 

 

 

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