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David Rodríguez, de la sucursal del cielo, al mismísimo cielo: Granada

13 Ago 2015
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A escasos 40 minutos del casco urbano de Granada, está ubicada la vereda La Cascada, una zona panelera y que disfruta de la abundancia de aguas cristalinas, hermosos paisajes y gente sencilla y humilde que adorna aún más los recorridos por sus caminos empedrados.

 

Por cada casa que uno pasa, se topa con la cordialidad de hombres y mujeres campesinos que con voz enérgica saludan al visitante, aunque quiero destacar que eso se siente en cada una de las 52 veredas de nuestro municipio.

Antes de llegar a la escuela, se pueden percibir algunas voces que corresponden a la docente y algunos estudiantes que diariamente acuden al centro educativo para aprender y construir comunidad, porque si hay algo por lo que se destaca el granadino, es su capacidad para trabajar día a día, de construir territorio.

Estando ya en la cancha de la escuela con mi compañero Emerson Vergara, saludamos a quienes se encontraban allí y todos los estudiantes, la profesora y algunas madres de familia nos recibieron con todo el cariño.

En esta visita me llamo la atención uno de los tantos niños que al verme sacar la cámara, me rodearon y curiosos empezaron a hacer preguntas acerca del aparato y de lo que íbamos a hacer.

Pues bien, de quien les quiero hablar es de David Rodríguez Ortiz, un niño caleño que con sus padres vive en la vereda desde hace algunos meses. La razón, su padre consiguió trabajo en una de las fincas y se establecieron en la vereda, así me lo cuenta David: “Yo soy de Cali, nací en Cali, pero vivo en La Cascada porque mi papa consiguió trabajo por acá”.

“Yo estoy en el grado cuarto y tengo 9 años”, me dice casi sin esperar que le termine de hacerle la pregunta. Me sorprende el valor que David a su corta edad, le da a las cosas que muchos de nosotros como adultos, no valoramos de la misma manera.

Dice que le “gusta el campo porque es muy tranquilo; uno si no tiene comida, siembra y ya cuando nace uno recoge… y es todo muy tranquilo en la vereda”.

De la vereda y de sus vecinos en general, resalta que: “Todos comparten. Si uno no tiene una almohada, le prestan una almohada. Si no tiene cobija, si uno no tiene una casa, le dan posada. Así son, son como la familia de nosotros”.

Finalizando ya, le pregunté a David ¿dónde es mejor, en Cali o acá en Granada? Y si titubear me responde: “Es muy bueno por acá, porque es muy tranquilo y no se escuchan los carros pitar, ni pelear, ni los disparos, ni la violencia”.

Así termina una conversación de no más de 3 minutos en la que más que realizar mi trabajo, disfruté un momento al aire libre, compartí con gente maravillosa como los campesinos y lo más importante, aprendí de parte de David que hay cosas con las que contamos a nuestro alrededor y son más valiosas que el oro. La tranquilidad, la paz y la generosidad de nuestra gente, que la podemos encontrar en el campo, en el trinar de los pájaros, el zumbido del viento, el sonido del agua, el olor a caña; todas esas pequeñas cosas que nos permiten disfrutar la vida de una manera sencilla, pero que sin duda es la mejor manera.

Para David y para todos los campesinos de mi pueblo, una gran felicitación por su hermosa labor, por trabajar para que cada día Granada sea mejor.

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