El futuro de este país depende de una botella de Aguardiente

Por: Raúl Vélez Tamayo - Politólogo

Esta es la apuesta más significativa que he hecho en mi vida, quizá representa que el futuro real de Colombia depende de un litro de anís de la Fábrica de Licores de Antioquia, pero es la única manera de defender la democracia tan vituperada, de este circo político, objeto de una coyuntura histórica que ninguna persona ha sabido defender.

 

Estoy apostando una botella de aguardiente con mi papá, y digo jocosamente que el país depende de éste “liquido maldito”, porque las encuestas dan por vencedor a S o Z candidato.  Mi padre apuesta por la última letra del abecedario, creyendo fielmente en los principios ideológicos con lo que lo educaron, sabiendo que su voto va a ser por una mujer, yo insisto en la S, por todos los precedentes que hay, y repito constantemente la frase célebre de uno de nuestros presidentes: “El poder es pa’ poder”. Mi padre alude mi ignorancia política efecto de una efervescente y creciente opinión a favor del candidato Z, pero lo que nos enseña la política práctica es que la democracia es el arte de lo impredecible.

En pleno siglo de opinión, de redes sociales, de información instantánea, de capacidad de manipular mentes a partir de los medios versus el criterio personal (individualismo), la antipatía por el ejercicio del poder y el constante hastío por los políticos ha permitido tener un suspenso equilibrio frente a la decisión de elegir a un presidente de la república.

Desde la consolidación del frente nacional (hoy unidad nacional), la búsqueda incansable por la paz (desde 1810 estamos buscando la paz) y la consolidación de una república con justicia social (hoy con la dictadura del judicial), se ha tratado de llegar a consensos sobre el país, pero nadie lo ha logrado.  Ni el populismo funesto de Rojas Pinilla, ni la antipatía por la ciudadanía de Gaviria, ni el trabajo continuo por el reconocimiento del Estado Colombiano de Pastrana, ni la singular capacidad de Uribe de generar amores apasionados y odios viscerales, han logrado llenar el vacío fundamental de Colombia, que para mí, no es la paz, sino la justicia social.  Con justicia social hay paz, desarrollo, educación y fortalecimiento de los derechos humanos, la paz es el resultado de una patria justa y equilibrada.

Por ahora esperemos que el futuro de Colombia sea más  provechoso de una botella de aguardiente.




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